Texto y fotos | Juan Carlos Jiménez Abarca
En el año 2019, como parte del proyecto Abstracción. Conceptos y trayectorias hacia el arte contemporáneo en Michoacán, se realizó la recopilación y digitalización de los 5 catálogos del Salón Michoacano Internacional de Textil en Miniatura, con el objetivo de reactivar y facilitar su consulta libre y gratuita por Internet. Inicialmente esto debía ocurrir vía la plataforma Uandari, repositorio digital de la Secretaría de Cultura de Michoacán [que además incluyó información sobre los patrimonios cultural, histórico y natural de las distintas regiones del estado y que se logró gracias a la colaboración de académicos e investigadoras de la Universidad Michoacana]. Tras cinco años operando, esa plataforma se ha perdido por falta de mantenimiento y uso por parte de la SECUM. Su administración estuvo adscrita al Centro de Documentación e Investigación de las Artes.
Por ello, en esta página encontrarás los enlaces para descargar y consultar cada catálogo, así como un fragmento de la investigación que les aporta contexto y otros datos.
La política cultural –y también la cultura política– en Michoacán ha creado en torno a Alfredo Zalce, tanto en vida como tras su fallecimiento, un monolito que extiende sombras sobre otras figuras que, en mi opinión, son trascendentes por méritos propios. Recuperar estas figuras, visibilizar sus roles, tiene el objetivo de esclarecer periodos aún no suficientemente documentados sobre prácticas artísticas en la región. En ese sentido hace falta énfasis acerca de la influencia de Marta Palau (1934–2022) durante la década de 1980, vinculando la escena local michoacana con circuitos artísticos nacionales e internacionales.
Palau desarrolló una serie de estrategias de gestión que configuraron algunas de las expresiones más tangibles y duraderas de arte abstracto, y de intercambios artísticos a gran escala. Lo hizo involucrándose como asesora/colaboradora cultural de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano durante su gobierno en el ejecutivo estatal (1980-1986), dándole una dimensión distinta al cardenismo en Michoacán. Porque no fue lo mismo el cardenismo del padre (Lázaro Cárdenas del Río) que el del hijo.
Además de emplazar una escultura abstracta de grandes dimensiones (Ilerda, 1986) en el corazón del complejo educativo/turístico del Centro de Convenciones y Exposiciones (CECONEXPO) en Morelia, fue la responsable –junto con Octavio Vázquez Gómez– de que se instalara el paseo escultórico de artistas asociados a la generación de La Ruptura en el Bosque Lázaro Cárdenas. Se trata de un espacio público, de acceso controlado, enclavado en el área natural protegida de la Loma de Santa María. En 1986, en sus últimos meses de gobierno estatal, Cárdenas emitió un decreto en el cual se destinaron 2.5 hectáreas de bosque para realizar un parque en que se emplazaron kioscos, andadores, trotapistas, juegos infantiles, gimnasio y una serie de 9 esculturas de mediano formato. Sus autores: Sebastián, Hersúa, Arnold Belkin, Manuel Felguérez, Ángela Gurría, Alfredo Zalce, Helen Escobedo, Octavio Vázquez, y la misma Palau.










Cada pieza puede ser analizada en el contexto de otros espacios escultóricos (como el de Ciudad Universitaria en la UNAM, la Ruta de la Amistad y el ahora extinto Parque Escultórico Punta Sur, en Isla Mujeres) así como también de obras en acervos de museos nacionales (la pieza de Hersúa es una derivación directa de Ovi, estructura metálica de cuatro cuerpos ubicada en el Museo de Arte Moderno).
La otra estrategia que desarrolló Palau fue el Salón Michoacano Internacional de Textil en Miniatura que se realizó en 5 ediciones que ocurrieron anualmente entre 1982 y 1986. La primera tuvo como sede la Casa de Cultura de Morelia, con Japón como país invitado, y en el primer catálogo se documentan las condiciones de este intercambio. Se buscó hermanar a las ciudades de Kashima y el puerto de Lázaro Cárdenas, estableciendo una participación binacional mediante piezas de 25x25x25 centímetros. El Salón no se estructuró como una competencia, y la invitación de los artistas, para la cual se contó con la asesoría de Kuniko Lucy Kato, se basó en su participación en bienales y exposiciones textiles tanto en México como el extranjero.
Palau reconoce en su texto, como antecedente directo de este Salón, la Bienal de Textil del INBA:
“Fue a partir de esta primera Bienal [de Textil], 1978 (iniciativa del Lic. Juan José Bremer, a través del INBA) que en México se comenzó a considerar el textil como ‘obra de arte contemporáneo’. En 1981, con la inauguración del Museo Tamayo, Josep Grau Garriga, artista catalán, realizó un espléndido tapiz mural de 15m de ancho por 5m de altura; siendo por sus dimensiones, una de las piezas más importantes del museo. Anteriormente México había participado en exposiciones internacionales de textil: la Bienal de Laussane, 1977; Fiber Works America and Japan, 1977; Trienal de Lodz, 1978-81 y últimamente Textile-kunst 81, Linz. No cabe duda que este Salón nuestro será una experiencia rica y renovadora.” (Palau 1983, 6)
En las siguientes ediciones aumentó la cantidad de artistas participantes, la variedad de países de procedencia y la diversidad de prácticas artísticas tamizadas por nociones relativas a lo textil, por lo que la colección resultante estimula numerosos intereses. Destacan obras de Vicente Rojo –que vinculó este formato con sus serie de volcanes–, una pieza textil de Juan José Gurrola y algunos abordajes desde lo fotográfico de Lourdes Grobet y Enrique Bostelmann. Helen Escobedo produjo piezas interesantes dada su experimentación con materiales y ensamblajes, lo mismo que Carlos Cruz Diez, Arnaldo Coen, Magaly Lara y Juan Manuel de la Rosa.
En total se produjeron 367 piezas de artistas procedentes de “Escandinavia” (Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia), el Caribe (Cuba, Puerto Rico, Nicaragua, Venezuela, Panamá), Argentina, España, Japón y, por supuesto, México. Algunos artistas michoacanos tuvieron una participación reiterada, como Carlos Olvera, Alfredo Zalce, Marco López Prado, Enrique Ortega entre muchas otras y otros.
A partir de la segunda edición del Salón los textos del catálogo se publicaron también al inglés; la itinerancia de la exposición trazó ruta entre Morelia y Ciudad de México, teniendo como sede el Museo de Arte Carrillo Gil. Antonio Rodríguez, Rita Eder, Juan Acha y Marta Palau produjeron escritos de diferente calibre para reflexionar sobre las dimensiones estéticas del textil y la diversidad de tradiciones que hay a su alrededor en todo el mundo. La representación institucional no solo incluyó al Instituto Michoacano de Cultura sino también al INBAL, atendiendo las dimensiones de gestión que el Salón adquirió por su carácter iterativo.
La última emisión ocurrió en 1986 y las sedes fueron las mismas, ahora con artistas invitados de España y Polonia. Antonio Rodríguez participó nuevamente en la introducción del catálogo, titulando su texto “Riqueza de formas, diversidad de materiales e imaginación sin límites.» En este trata sobre el origen del término “tapiz”, el surgimiento de bienales de textil en el mundo, un recuento breve de los salones michoacanos y el empleo de este medio en la trayectoria de Marta Palau. Ella reitera ese recuento breve de los salones y agradece expresamente a Cuauhtémoc Cárdenas por ser el último salón que se realiza en su administración. Probablemente había una conciencia de que el Salón llegaba a su fin.
El resultado de un lustro de trabajo se refleja en las numerosas piezas resguardadas en el MACAZ y los 5 catálogos, hoy agotados. A principios del año 2014, como parte de las actividades que pude programar desde la dirección del Museo Alfredo Zalce, recuperamos algunos ejemplares de esas publicaciones y expusimos una breve selección de piezas de textil en el marco de la exposición de acervo La Ruptura y la Apertura. Gracias al trabajo del equipo de investigación del MACAZ activo durante ese año, se pudo documentar, además, el episodio sobre las gestiones de Palau para el espacio escultórico en el Bosque L. Cárdenas, tras las cuales suspendió su presencia en el estado. Todos a cambiar de capítulo después de 1986. Un año antes ella había presentado su segunda exposición individual en el Museo Nacional de Bellas Artes: Mis caminos son terrestres (1985), y Cárdenas se enfilaría hacia la elección presidencial que culminaría con el fraude de 1988.







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