José Ángel Pahuamba es un artista mexicano multidisciplinario, discípulo de artistas vinculados a lenguajes abstractos posteriores a la Generación de La Ruptura. Sobre su obra, la curadora Eugenia Macías ha escrito que “articula de modo elocuente huellas y caminos que han sido sugeridos desde las exploraciones del expresionismo abstracto y el conceptualismo en el arte: obras que no son solo las piezas mostradas sino los procesos y las acciones que subyacen en ellas.“ Ángel apela además a las variaciones cromáticas para distinguir personajes y actores sociales, hacer re-lecturas de imaginería indígena y prehispánica, recurriendo frecuentemente al uso de recursos tipográficos. Las palabras hechas imagen y las imágenes hechas palabra.
Su punto de partida es Cherán, hoy por hoy uno de los pueblos p’urhépechas mas conocidos —nacional e internacionalmente— por haber liderado en su región el cambio de las mareas en contra del crimen organizado, a favor de los bosques y el autogobierno. Sin embargo, Ángel ha desarrollado carrera hacia el exterior de su comunidad, abarcando con su obra y actividades las capitales de su estado y el país (Morelia y CDMX), buena parte del llamado Centro-Occidente, así como el sureste tropical mexicano. Se diferencia de otros artistas de su región y generación por un elemental sentido colaborativo. Pero al mismo tiempo, por mantener un sabio equilibrio (intuitivo, sobre todo) entre esa voz colectiva que le llama a su alrededor y la sinceridad consigo mismo —esa tarea vitalicia a la que nos enfrentamos todos y todas de tanto en tanto—.
En la obra pictórica y gráfica de Ángel Pahuamba encuentran su lugar las diferentes acepciones de la expresión lucha popular. Identificaré al menos tres, presentes en esta exposición, que representan sus experiencias y búsquedas como artista y ciudadano.
Por un lado, lucha popular es el terreno de la Lucha Libre. Enmascarados pugilistas, profesionales del pancracio, héroes del pueblo de a pie. Esos personajes propios del deporte-espectáculo en buena medida han habitado las imágenes que produce Ángel, en una búsqueda visual y simbólica que involucra el uso de la fuerza bruta, la elocuencia de las personalidades, la estimulación de los ánimos colectivos y la personificación de espíritus sobrehumanos… todo en el marco limitado del ring.
En un sentido menos reglamentado, radicalmente más grave y trascendente, lucha popular también es la resistencia de los pueblos. La defensa de los bosques, el combate frontal contra contrabandistas y narcotraficantes, la organización política de la comunidad, la acción jurídica que defiende su forma de auto-gobierno basado en usos y costumbres. Llorar sus muertos, cuidar a sus seres vivos —los humanos y no humanos—, ser universales trabajando localmente. La experiencia de Cherán ha marcado la vida de Ángel y en su trabajo ha procurado asumir los procesos y aprendizajes que resultan de las labores de su pueblo.
Una acepción más: lucha popular también es la pelea al interior, intestina, entre pares, entre iguales. Ninguna causa de justicia social en el mundo y la historia ha logrado, aunque se lo haya propuesto, extirpar la práctica de pelear entre nosotros. En nuestros adentros. La lucha ocurre reglamentada en los cuadriláteros, ritualizada en las tradiciones originarias, y descarnada entre miembros de una misma comunidad. A puño limpio en la plaza o en una esquina, con la comadre o el compañero de años. Este nivel de conflicto resulta a veces en fraternidades fortalecidas. Pero frecuentemente termina en la separación de los cercanos. Como sea, después de ese episodio toca inventar un nuevo modo de ser y estar en el mundo, renovar las relaciones, extenderlas más allá de fronteras conocidas.
Resulta frecuente encontrar que la obra de arte es considerada como una manifestación de la individualidad del artista, un reflejo de su interioridad intransferible. Dotada de virtudes excepcionales, su alma se revela verdadera, duradera, auténtica y transparente ante la mirada del público.
Pero estos tres valores sobre el alma y la obra del artista, muy conservadores, se problematizan cuando en pinturas y grabados asistimos al juego de identidades suplantadas y personalidades múltiples. Ante el universo icónico de máscaras y rostros alterados, vemos enfrentada la ocultación del semblante contra la revelación individual de los retratos.
Hay en esta exposición una voluntad de expresión de ‘lo propio’ que sale al encuentro de ‘lo otro’. La multiplicidad de formas en que se representa la naturaleza apropiada por las prácticas culturales —presente en las distintas configuraciones que en México hay en torno a la máscara del ocelote, entre otros felinos— establece una relación de cercanía, y cierto anhelo, con un personaje de la tradición conocida en Perú como Takanakuy. Las peleas rituales o ceremoniales en ambos países responden a una densa síntesis de gobernanza, procesos agrícolas y memoria de la colonización —al documentarme para elaborar este texto, no pude evitar tener presentes las peleas de tigres de Zitlala, Guerrero, y las representaciones violentas de los Tastoanes de Tonalá, Jalisco—. En los dos extremos de la geografía establecida por estas pinturas, cada pueblo lucha consigo mismo. Pero en el encuentro simbólico de tradiciones distintas, Ángel persigue fraternidad y compañerismo.
Entre máscaras y puños es una colección de obra que explora el punto de vista de quien comprende la siguiente paradoja: la cercana lejanía entre las personas y pueblos del mundo. Cuánto nos parecemos, cómo nos diferenciamos. En la imagen que exhibe a dos compañeros recorriendo diferentes rutas de un mismo laberinto encuentro la voluntad de Ángel por reencontrarse con quien tiene otra identidad, otro camino y otro tiempo. Otra máscara. Y esa búsqueda es su lucha particular.
Entre máscaras y puños, exposición de José Ángel Pahuamba (MX). En apertura simultánea con El color de la noche, de Percy Herrera (Perú).
Galería de Arte Jorge Vinatea Reinoso, Palacio Municipal. Arequipa, Perú.
Semana del Hermanamiento Binacional (16 al 25 de agosto 2022). 482 Aniversario de la Fundación Española de Arequipa.














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