Para escribir sobre *texting each other from across the room* de Leo Marz en Ayer, acudo al recuerdo, mi primer recurso. En 2019, durante una charla pública que dio en el desaparecido Giraluna (Morelia), Leo nos mostró un par de videos de su serie Chats (2006). Se trata de la escenificación e interpretación de conversaciones vía Messenger, a los que accedió en un café internet. Su familia y amistades cercanas usaron máscaras y capacidad histriónica para recrear verbalmente lo que originalmente fue un intercambio escrito. Un detalle que retuve en aquella ocasión fue que la música de esos videos es composición suya. En *texting each other […]* esta circunstancia vuelve a ocurrir.
Otro recuerdo de obra anterior: en Humo ajeno (2020), presentada en la XIV Bienal FEMSA, produjo una serie de dibujos digitales que después trasladó a impresiones y pinturas en tela de tamaño mural. La obra se conceptualizó no solo física y visual, sino también museográficamente, eligiendo gama de colores en muros y mamparas. Leo se ocupa de las condiciones espaciales y atmosféricas de los objetos a montar. En ese sentido, mas que otros artistas cuyos procesos he podido seguir de cerca, noto que toma decisiones en un esquema expandido de percepción.
La entrada de Ayer está mas grafiteada que nunca y contrasta con la calculada configuración de todo lo que se encuentra en su interior. Esta galería dedicada al video es una cápsula que nos traslada a otro ritmo del tiempo, otro orden de cosas. Un mundo aparte donde lo abigarrado del barrio de Santa Tere queda atrás al cruzar por la puerta.


Al ingresar inmediatamente se proyecta la sombra propia en un muro iluminado que muestra el cuadriculado particular de los cañones proyectores. La primera parte de la exposición es pura participación y auto-percepción (también propiocepción). El dedo en la pantalla aparece después, arriba y a la derecha de la mampara, desde el cual se notan —apenas— unas ondas leves en el verde de la superficie. Este dedo, parte escultura, parte prop para performance, proviene de un molde realizado para el monumento ecuestre de Ignacio Zaragoza en Monterrey, donde Leo vive, y que tuvo también exposición en el Museo Jumex de CDMX (septiembre 2021 – enero 2022). Al otro lado de este muro hay pinturas y otra proyección, a la cual responde el audio que inunda la sala desde el principio.

En este punto de la visita hago una pausa breve. Intuyo que el método de trabajo que Marz sigue es una mezcla de experimentación y estricta planeación. Estoy seguro que con esta idea se identifican muchas y muchos artistas, pero lo particular de Leo es que por muy concretos y económicos que aparenten sus montajes (me refiero a una suerte de austeridad en el espacio), en realidad requieren mucho trabajo e inversión de energía. Hay un sinnúmero de pasos adelante y atrás en sus procesos antes de tomar una decisión, la experimentación es exploración en la búsqueda del a-ver-qué-pasa, pero una vez que halla la forma de las cosas que desea, la toma y no la suelta.
Lo anterior es la suma de impresiones y suposiciones. Leo perfectamente podrá opinar algo distinto y más concreto. Certero.
La video-instalación principal, en palabras de Paulina Ascencio, “es la continuación audiovisual de una acción performática en donde una cuadrilla de acróbatas construye un monumento efímero que permite que el dedo, por un instante, reclame su función indicativa. A través del chroma key —el gran truco de invisibilidad utilizado en el cine y la televisión— los cuerpos que sostienen la escultura se fusionan con el paisaje metropolitano y el dedo índice vuelve a señalar al horizonte. Es una tabla gimnástica que activa al coloso en desuso, apunta a la obsolescencia de las ideas que representa e interrumpe los estragos del óxido cúprico.”
Hay algo fálico en todo esto, y no quiero detener estas ideas en el departamento del psicoanálisis. Pero llama mi atención cómo la coreografía proyecta este dedo metálico arriba, muy arriba y hacia el cielo. Las sombras digitales pasan entre sí este objeto que a veces parece un dildo vanagloriado. La sustracción digital de los cuerpos en spandex verde opera en el desplazamiento de la atención desde sus siluetas hacia el objeto visible, haciendo que el público miremos hacia el dedo y no al horizonte que apunta (restos de la parábola del tonto al que muestran la luna).
La voz de Mónica Nepote ronda mi cabeza y me recuerda que no hay tecnologías inocentes, ni una que no refleje a quien la programa. Su uso tampoco lo es. En el marco de la lógica que rige los gadjets, Steve Jobs llamó al dedo el pointing device por excelencia, el que hemos usado durante miles de años. Y que es mucho mejor que cualquier stylus en el mercado. Una crítica que empleó cuando presentó el primer iPhone en la conferencia de prensa de enero 2007, la cual puede ya considerarse histórica.
La invisibilidad no es absoluta porque la presencia está indicada por la sombra. Las plataformas y sistemas operativos que animan nuestros aparatos hacen de nuestra presencia en el mundo una huella hecha no de sombra sino de datos. Así como los sistemas o servidores vulnerados por hackers y crackers se diagnostican por los rastros que dejan en el sistema sus intromisiones forzadas, así nuestra sombra digital consiste en un conjunto de datos que las empresas tecnológicas utilizan para analizar el comportamiento, y dirigirlo hacia ciertos mensajes y productos —deliberadamente diseñados para retener nuestra atención—.
Falta una última parte por comentar: las 26 pinturas al óleo de la serie A picture of social Life at the end of old times. Consiste en la descomposición de un GIF en las versiones fijas que lo construyen. Un ordenamiento lineal de 26 foto/picto/gramas que contienen el movimiento ocular que nos es —casi— invisible hasta que la imagen se pone en movimiento. Además de la interrogación por la mirada que está intrínseca en la obra, mirar la mirada que se mueve de un lado a otro como leyendo, o como explorando el scroll de la pantalla, hace que el interés considere el valor de las pinturas como conjunto y no individualmente. Es francamente refrescante ver esta obra tan reciente, hecha en la Residencia 797 apenas un par de semanas antes que abriera la exposición, la cual está por terminar su estancia en Ayer.
*texting each other from across the room* de Leo Marz.
Curaduría de Paulina Ascencio.
Ayer. Garibaldi 1151. Guadalajara, Jalisco, México 44600. Jueves y viernes 15:30-19:00 hr, sábados 11:30-15:00 hr. www.ayerayer.org
Con apoyo de Residencia 797, Pecuod Co y Museo Jumex










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