El periplo de la exposición Presente de una sociedad distópica de Belsay Maza inicia en 2013, en el Antiguo Colegio Jesuita de Pátzcuaro —museo hermano del Centro Cultural Clavijero en Morelia, donde debía ocurrir próximamente pero ya no—. A nueve años de aquella primera puesta en público, intuyo que el sentido de cada imagen permanece, y que al mismo tiempo los motivos para realizar esta exposición han cambiado. Sin actualizar la colección, salvo por una viñeta sobre Pichilinguillo, Michoacán —zona hoy arrasada por la violencia directa y letal— Belsay apunta a la continuidad del estado de violencia, y convoca a la reunión en torno a estas imágenes.
Recurre para ello a tres tradiciones pictóricas de Occidente: el Renacimiento, el Romanticismo y el Academicismo. Consulta y asimila temas, composición y personajes —lo mismo religiosos que literarios— de pinturas famosas que pertenecen al largo linaje del patrimonio artístico, al de las obras ‘que hay que conocer’ en la Historia del Arte. Les da una presencia, un sitio en nuestro tiempo, la expresión contemporánea de violencias antiguas.

Las imágenes no esconden su escenificación. La luz delata la construcción, propia de un teatro o estudio fotográfico portátil. El empleo del claroscuro es evidente, y de manera general, la penumbra se funde en la vegetación, los reflejos y la profundidad. Igual que ocurre en la pintura de antaño, esta serie fotográfica también es un ejercicio de paisajismo, en el que todo elemento aporta al pasaje que se está representando en cada imagen. Hay una historia por leer en cada conjunto de signos.









Con todo, en estas fotos no está presente el interés pedagógico de la pintura religiosa. Son momentos detenidos, de quietud y silencio antes de que algo pase. Cualquier cosa. En la quietud de un hombre atado a un árbol adivino el aliento del gatillero antes de prepararse a disparar.
El silencio es la característica de aquellas que sugieren que la acción ya ha pasado. En el cuerpo de un joven cupido acostado en la hojarasca. En la vida exhalada de una mujer sumergida en el río. Estas imágenes contienen fuerzas con las que la gente sale a marchar actualmente por justicia y reparación. Por las y los desaparecidos, los feminicidios, los crímenes de odio y la impunidad.
¿Estas imágenes nos son ajenas? ¿Son necesarias? En la nitidez de cada una se nos sugiere tener presente las formas de aquello que no queremos ya que suceda. Por una vida en paz.

El texto lo escribí actualizando uno anterior, para que acompañara la exposición de Belsay como cédula introductoria de sala (aquél de 2013 se publicó en el Diario Provincia gracias a Ignacio Torres y puede leerse aquí).
La exposición debía suceder —sucesivamente— en febrero de 2022, luego en marzo y luego en abril, hasta que desde Secretaría de Cultura de Michoacán se dio noticia al autor de que ya no se realizará. El motivo: por las masacres que han ocurrido en diferentes municipios del estado en últimas semanas se consideró que no es pertinente.
Desde un inicio, Belsay ha sido partidario de trabajar sobre el tema de la violencia contemporánea justo cuando está ocurriendo, en lugar de esperar a que las cosas se calmen para poder hacer (y exponer) un ejercicio crítico como este. Soy afín a esta idea.
Los títulos de las piezas corresponden al siguiente esquema: el nombre indica el personaje que protagoniza la pintura cuya composición se está citando (San Sebastián, San Francisco, la muerte de la Virgen María, Ofelia ahogada en un río, etcétera), complementándose con algunos de los apellidos más usados en México.
El proyecto Presente de una sociedad distópica se produjo con el apoyo del PECDA (Programa al Estímulo a la Creación y Desarrollo Artístico) 2011-12. Con el título original de Alegorías Contemporáneas.


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