Sin la perspectiva empleada en la imagen, habría que asumir que madre e hijo se encuentran bajo tierra. La línea de horizonte se dibuja sobre ambos partiendo la foto verticalmente. Describe una loma suave en la que una casa alza sus blancas columnas, apuntando al cielo azul con el timbre triangular neoclásico de su arquitectura. Flanqueando la escena, un farol y copas de árboles. No es temporada de lluvias, las hojas secas delatan el estiaje. La tierra debe ser todo menos suave, en su interior se aprietan los cuerpos enterrados sin cofre ni honores. Los rayos de luz bañan el cuerpo de él, mientras ella sostiene apenas su cabeza en el regazo.

Untitled #24 Birmingham AL (2016) de Jon Henry retrata una de tantas madres afroamericanas con sus hijos a cuestas, impostando la Pietá en múltiples posiciones y escenarios de los Estados Unidos. En un acto simulado, empatizan con las madres que sí han perdido a sus hijos por la violencia policial que tiñe al país con sangre y racismo. Esta pieza en particular se realizó en la ciudad de Birmingham, estado sureño de Alabama; conservadora y tradicionalista, fundada con el mismo nombre de una ciudad británica —el colonialismo nostálgico solía bautizar asentamientos del Nuevo Mundo con el espíritu del Viejo Continente—.
La palabra Pietá comúnmente detona el recuerdo de la escultura de Miguel Ángel. Pero no olvidemos que la Piedad es mucho mas diversa y prolífica. Más antigua y más reciente. No hace falta acudir al Renacimiento Italiano cuando hay piedades más próximas y relevantes a Jon Henry. Él mismo ha dicho que sus referencias inmediatas han sido Yo Mama’s Pietá de Renee Cox y Behold thy son de David Driskell. En ambas imágenes hombres negros se sostienen sobre las manos de sus madres, cediendo la devoción religiosa su lugar al lamento civil, el sufrimiento que vemos nos mueve a la compasión y la misericordia: la piedad.
Sí, en cada una de las imágenes de Stranger fruit hay un llamado femenino a la piedad, a la misericordia que claman para sus hijos varones. Que no se los lleve la epidemia de violencia y brutalidad policial, que sus hijos no sean los próximos en las noticias, la morgue y el juicio laxo de los agentes y oficiales blancos suspendidos de su servicio.
Clamar por la vida de los hombres afroamericanos, en un contexto donde el reclamo radical por la justicia y la dignidad de las mujeres ha dinamizado el debate de lo público en todo el mundo, ha resultado igualmente radical y urgente en Estados Unidos. Pero el sonido en estas imágenes de Jon Henry no es el estallido y el grito, como en los movimientos feministas. En Stranger fruit se escucha el blues de Milt Raskin con voz de Billie Holliday, cantando a los cuerpos de esclavos colgando en las ramas de los álamos, mientras en el campo el algodón se tiñe con sangre y crueldad.
Este texto forma parte de los ejercicios producidos en el Laboratorio de Escritura Frente a las imágenes ¿qué pueden las palabras? que imparte Agnes Merat (Centro de la Imagen).
La consigna es brevedad y concentración: máximo 1 cuartilla.
Agnes enfatiza que me concentre en la imagen y en las imágenes dentro de ella. Describir y descubrir, que deje por ahora las referencias a ‘la realidad’, que escriba desde el ‘interior de la cueva de Platón.‘

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