irse y quedarse: todo queda revelado | Elsa Escamilla

La migración tiene muchos rostros, volátiles formas de ser. Sus motivos son legión, duraderos sus efectos. Es una práctica añeja ya, los mayores han ido y vuelto varias veces en la vida; la juventud aprende a anhelar ‘cruzar’, no se ve fin a esta escalada de ausencias programadas. Entre las muchas paradojas del asunto, destaca aquella de que se migra para seguir haciendo viable la vida aquí, porque con lo de aquí no alcanza. Hay que salir, cruzar, trabajar y ‘mandar’. Volver una vez al año si se puede -a veces no ocurre-. ¿Cómo sería en los pueblos si migrar se tratara de irse toda la gente en lugar de unos cuantos, aunque sean demasiados?

La migración tiene muchos rostros y aquí se ven, con lo cotidiano a cuestas entre el trabajo del campo y en la casa, las fiestas, los oficios -incluyendo el de la construcción. Elsa Escamilla presenta en este ensayo fotográfico una nación p’urhépecha de mujeres de todas edades que van y vienen en todas direcciones. Vuelven al mismo sitio -su casa, su pueblo- para empezar de nuevo al día siguiente. Son las muchas mujeres que se quedaron con la niñez, los perros, los deberes y las tradiciones de sus comunidades. Los hombres están en otro sitio.

Estoy seguro de que en Cheranaztico, Angahuan, Cocucho y demás poblados que Elsa recorre con su cámara, hay lugar y momentos para miradas íntimas, tiernas y dulces. Mientras tanto, en estos rostros habitan las expresiones graves y dedicadas. Será el anhelo, la espera, el pesar o el sol en la cara, pero atendemos a la multiplicación de ceños diversos que sugieren concentración, pensamiento y responsabilidad. También determinación.

El blanco y negro sirve a la fotógrafa para esta analítica visual sobre las mujeres p’urhépechas. Ante la ausencia de color, todo queda revelado: la personalidad de cada una, sus conversaciones, el sonido de los pasos, el silencio en las habitaciones. Casi pueden adivinarse las palabras en su mente, el latir de sus corazones. Elsa se adentra  así en la tradición fotográfica de su amiga y maestra Lola Álvarez Bravo (quien prefería no retratar a quien no conociera), porque mientras más conoce ella a estas mujeres mejores fotografías les toma.

Comerciantes, poetas, muralistas, guardias, fotógrafas, constructoras, artesanas, madres, hijas. Es esta la diversidad con la que se encuentra y conecta Elsa -‘investigadora de la vida’ y artista- en sus viajes por las comunidades, interesada tanto en los fenómenos sociales como en las personas y sus nombres, sus experiencias.


Enkarsi Nirajko Ka Enkasi parkara. (Las que se van, las que se quedan) de Elsa Escamilla. Museo del Estado de Michoacán. Octubre 2021-Enero 2022.

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