La ciudad sola | Roxana Cervantes

Por: Juan Carlos Jiménez Abarca

La XIV edición de la Bienal FEMSA Inestimable Azar fue un proyecto de arte contemporáneo enfocado en el fortalecimiento de la producción artística nacional e internacional, con énfasis en el intercambio entre agentes culturales de diferentes vocaciones, el debate en torno al patrimonio cultural (particularmente la noción de arte revolucionario que ocurre en México y Michoacán en la década de 1930) y el abordaje de las condiciones de vida de nuestras comunidades, las urbanas y las rurales.

Con un total de 24 comisiones artísticas y 5 proyectos curatoriales, presentes en 5 recintos culturales de 2 ciudades principales en el Estado (Pátzcuaro y Morelia) el horizonte creativo que se manifiesta en la Bienal es de una riqueza inestimable. Se vieron involucradas más de 400 personas, entre productores artesanales, gestores, promotores, artistas jóvenes y con trayectoria; todas colaborando de diferentes maneras para que estas exposiciones fueran posibles.

La participación de artistas nacionales e internacionales se vio enriquecida con la comisión de tres artistas de Michoacán, que destacan no solo por el manejo profesional de medios y materiales, sino también por el contenido poético y capacidad expresiva de su trabajo. Mientras Ana Pellicer hizo referencia al bosque con Flor de encino y Artemio Rodríguez al lago de Pátzcuaro con El trono que salvaría al lago, Roxana Cervantes acudió al entorno urbano con La ciudad sola (2020).

La ciudad sola (2020) de Roxana Cervantes

La obra de Cervantes consiste en siete esculturas verticales espaciadamente distribuidas en la Sala 5 del Centro Cultural Clavijero, que se orienta hacia el norte a manera de pasillo. Cada pieza está compuesta por dos cuerpos sobrepuestos, elaborados en cerámica con diferentes texturas y tonos de ocre, tanto de apariencia terrosa como de superficies claras y lisas, sobre todo en aquellas que se integran a estos “edificios” a manera de formas orgánicas. 

A nivel formal, el proyecto de Roxana guarda una consistencia directa con su proyecto anterior, Colores de la Tierra Caliente (2016), compuesto por una serie de esculturas que representan figuras arbóreas con diferentes texturas y colores. Con la diferencia de que aquí el tema urbano irrumpe la figuración y la escala adquiere dimensiones mayores, lo cual representó un reto técnico más intenso en la producción, a la vez que se planteó desde un inicio como un proyecto para sitio específico: la sala de exhibición que ya hemos mencionado.

Al respecto de este proyecto, el Director Artístico de la XIV edición de la Bienal Daniel Garza Usabiaga, escribió: “El despliegue de estas unidades, a manera de cubos, en algunas de estas piezas puede aludir al rampante y descontrolado crecimiento urbano, en parte ocasionado por la migración del campo a la ciudad […] En las piezas de Cervantes lo arquitectónico se conjuga con lo mineral o lo vegetal, remitiendo a ruinas o al abandono. Así, la artista parece ponderar una condición de difícil habitabilidad que está presente en las grandes ciudades por efecto de sus aglomeraciones y consumo desmedido de recursos, así como por sus divisiones físicas y sociales.”

La ciudad sola es así una reflexión sobre el urbanismo y sus desigualdades, la tensión que existe entre el entorno urbano y el natural. Así también queda manifiesto el hacinamiento que nos es familiar en los asentamientos irregulares en diversas zonas del país. Entre ellos uno particular, que es representativo, y que hemos comentado con la artista durante el montaje: se encuentra a un costado de un puente vehicular en la carretera CDMX-La Marquesa, antes de llegar a la zona de Santa Fé, en el trayecto que va desde Morelia hacia la ciudad capital.

El proyecto también es la materialización de una sensación referida por Roxana, en la coyuntura de crisis sanitaria que transitamos desde el primer trimestre del 2020. La experiencia de la ciudad durante el confinamiento obligatorio, la soledad de las calles, el paisaje urbano desolado y en desuso por la ausencia de sus habitantes amenazados por el COVID 19. En una escala humana, la ciudad densifica sus volúmenes en cada una de las siete piezas que conforman La ciudad sola.

Con este proyecto, la experiencia desde lo curatorial implicó el reconocimiento de las capacidades técnicas en la producción de obra, la densidad simbólica y la pertinencia coyuntural en el marco de las contingencias globales por la pandemia.

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